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Endika, la Patagonia y su Bicicleta

Martes, 8 de Junio de 2010

Endika es un vasco de 26 años y según él los habitantes del País Vasco son todos tercos. Es que así fue como entre terquedad y locura que se transformó en aventurero. Dejó España y su puesto como informático de un banco para darse un verdadero baño de experiencias y para celebrar su cumpleaños con un principio de hipotermia en los confines de la Carretera Austral.

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Todo comenzó…

A comienzos del 2010 llegó a Guatemala. Había escuchado de la historia de este pueblo en una especie de ONG de Voluntarios en Barcelona, el lugar se conoce como el “Centro de Brigadistas”. Aquí muchos le encuentran un sentido a su viaje, un lugar que para muchos empieza en Guatemala, pero que en el caso de Endika terminó en la Patagonia Chilena. En una época en que el clima del cono sur ya se ha puesto duro y cuando pocos, salvo los tercos, se animan a “calar los huesos”  pedaleando bajo la lluvia.

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El aventurero pasó de colaborar en una comunidad Maya a recorrer, Guatemala, Nicaragua, subir el volcán Tajamulco, recorrer Honduras (dónde tomó un curso de submarinismo), ver la lava del volcán Pacaya, conocer rincones muy escondidos, caminar por ruinas Mayas, escapar de turismo masivo de Baños en Ecuador y del asombro de Quito a un viaje tan largo, tan solitario y tan duro que solo algunos logran concebir.

En Perú realizó el trekking de Santa Cruz (por la Cordillera Blanca) y en la Patagonia no soltó su bicicleta hasta las Torres del Paine para seguir pedaleando desde Puerto Natales hasta dónde lo llevara el camino. En Perú (y con el bálsamo de la grata compañía de su novia) pudo descubrir una cascada de 730 metros, en el segundo cañón más grande del mundo, y en Bolivia se convenció de que “el país completo es un mercado” dónde estás en el paraíso de las frutas y la comida que es tanto de buena calidad como de buen precio.

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El viaje a la Patagonia

Endika quería una aventura grande y a la altura de ser un verdadero acto de superación. Por lo que no fue coincidencia que eligiera su bicicleta para descubrir la Carretera Austral y en consecuencia parte importante de la Patagonia Chileno-Argentina. “Habían días que andaba casi 100 kilómetros diarios” y fue así como un día desde Puerto Ibañez en un tramo de 60 kilómetros de fría lluvia y granizadas otoñales creyó que pasaría sus 26 años en una tumba de barro o con suerte en un precario hospital.

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Un sobreviviente

Había caído la tarde y Endika no logró encontrar refugio, salvo un puesto cerrado de CONAF dentro de la Reserva Nacional Cerro Castillo. Nunca olvidará el nombre de Juan Caballero ni de las luces de la camioneta de CONAF que apareció justo cuando ya daba todo perdido. Gracias la ayuda que recibió pudo entrar en calor, comer y secar sus ropas.

El milagro vivido le permitió continuar su lento viaje por Coihaique y deleitarse con el camino hasta Santa Bárbara, dónde la lluvia era menos frecuente y tanto el paisaje como la ruta más amigables. Aquí se reencontraba con el objetivo de su viaje. “Fue triste llegar a Chaitén” recuerda con algo de nostalgia. “Ver todo destruido, abandonado”. Pero siempre tuvo algo de suerte, siempre algún amigo, algún salvador, algún refugio que le permitía seguir, avanzar.

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El gran final

Llegar a Puerto Montt, conocer Chiloé y seguir por Los Lagos es lo que le quedaba. Seguir pedaleando en el invierno, seguir bajo la lluvia y con la ayuda de la experiencia ganada, de las piernas endurecidas y de la voluntad misteriosa que los seres humanos se brindan unos a otros cuando son viajeros y buscan su destino al encontrar que el viaje es un misterio de los que no quieren descanso “ya descansaré cuando esté bajo tierra” se ríe Endika mientras reflexiona sobre lo que ha aprendido.

 
                     
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Una Provocación

 

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